Pàgina:Historia de la lengua y de la literatura catalana (1857).djvu/119

De Viquitexts
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— 113 — Esta academia ó consistorio siguió con buen éxito hasta la muerte del Rey D. Martin , último de la línea varonil de los condes de Barcelona, acaecida en 4 410. Con la muerte de este ilustrado rey el Consistorio de la Gaya cien- Mantenedores, y en asientos inferiores los poetas que leian sus composiciones, y la que los jueces reputaban por mas excelente era solo la que se podia can- tar en público, premiando á su autor con una violeta de oro. La pompa y se- lemnidad de estas juntas las refiere D. Enrique de Villena en su Arte de trovar. De estas academias poéticas hace también mención el Dr. Andrés con estos ver- sos:— «Y cuando ü. Enrique de Villena Con don Fernando vino A la insigne Barcino, El Apolíneo gremio De su fecunda y elegante vena Ilustró con aplausos y con premio. Donde el Rey presidia En trono para honor de la poesía : Y de la Gaya-ciencia Escribió su elocuencia Mostrando la erudita Copia de sus noticias y primores, Donde cifró las flores En el sutil tratado Del Arte de trovar intitulado, Que á instancia lo escribió del Sr. de Hija, De D. Ignacio López de Mendoza De quien Castilla lauros muchos goza En trágicas y dulces cantilenas Del príncipe D. Carlos las cadenas, Y su temprano y triste acabamiento Cantaron sus dulcísimas Camenas.» En estas juntas que también presidió, el marqués de Villena figuraba en prime- ra línea, no como autoridad , sino por la superioridad de su- talento poético, y mas que todo por su fácil, hermoso y elegante decir. Antes de terminar e6ta nota debemos decir que Luis de Aversó y Jaime Martí, ambos caballeros catalanes, fueron de orden de D. Juan I, llamado el Cazador, á fundar en Barcelona en 1390 una Academia de la Gaya- ciencia. Desde esta fe- cha hasta fines del siglo inmediato duró dicha academia , en la que los juegos florales eran un estímulo para los ingenios poéticos, donde desarrollaban su saber y su inteligencia. ¡ Qué lástima que estos actos literarios no tengan lugar hoy en la hermosa Barcino! ¡Cuántos jóvenes no hariair en ellos gala de su nu- men y de sus talentos ! Los amantes de las glorias de la lengua y literatura ca- talana deberían trabajar para que la culta Barcelona tuviera otra vez una acade- mia igual ó parecida á la de aquellos gloriosos tiempos.