Pàgina:Historia de la lengua y de la literatura catalana (1857).djvu/20

De Viquitexts
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— 14- del origen y reglas de la música que publico en Roma, que el lenguaje en el hombre , lo mismo que la música, eran ins- tintivos por una impresión innata que la reflexión ilustra. Y en otra parte de la misma obra , que «las academias de las len- guas que se proponen fijar el estado de las lenguas vivas son el mas grande obstáculo para el progreso del espíritu huma- no» . Véase , pues , como las corporaciones literarias que no quieren admitir las nuevas voces que un número mayor de ideas introduce todos los dias en los pueblos civilizados , ha- cen un gran mal al engrandecimiento progresivo de sus pro- pias lenguas. Volvamos al punto principal , pues con esta di- gresión nos habíamos apartado un tanto de él. No falta quien afirme que las primeras palabras se forma- ron por onomatopeya , ya directa , ya indirecta ; esto es , ó por la imitación del ruido propio del objeto que se quería ex- presar, ó por la aplicación metafórica de ese mismo objeto. Para formar los nombres se valieron de los gritos de los animales , como del balido de la oveja , y de los gritos de otras bestias, etc. Y para la formación de los verbos se sirvie- ron también de diferentes especies de ruidos , como lo indican clara y evidentemente los verbos castellanos « tronar, atro- nar, rugir, pitar, maullar» . ¿Cuántas voces no se usan aun hoy dia que son onomatopéticas, tales como, «zis, zas, miau, dindin» é infinitas otras? Es claro que estas voces fueron producto de los primeros progresos de la humanidad. Estas son las leyes naturales para la formación y desarrollo de las lenguas en los primeros pasos del hombre ; y estas leyes na- turales están de conformidad con sus facultades innatas. Dios quiso que el hombre se comunicase libremente con sus seme- jantes ; por lo mismo le organizó de modo que por sí solo pu- diera con el tiempo formarse una lengua con la cual pudiese manifestar sus pensamiealos y desenvolver sus ideas. Buscar otro origen á las infinitas lenguas que conocemos, es perder el tiempo lastimosamente. Dejen , pues , de hacer los filósofo-filólogos mas investiga-